martes, abril 12, 2005

Apuntes de un cuento sin pilas

Ayer no podía dormir, me movía de un lado a otro de la cama. Mi esposo roncaba. Tampoco tenía ganas de leer. Pensaba en qué cuentito erótico podría hacer, para empezar a soltar la mano. Se me ocurrieron dos asuntos bastante macabros. Uno es un tipo subido en un árbol, que ve regularmente los fajes de una mujer pelirroja, muy guapa pero que tiene un "defectillo" que le impide a la mera hora... El que prosperó hasta hacerme dejar la cama e ir por la pluma fué el de un monasterio calenturiento, donde se suicida un monjecito enamorado de una tipa. Cada semana se reunían todos a ver cómo el afortunado en turno poseía a la susodicha y le toca el turno al buen Joseph. El monjecito no soporta el pecado y su lascivia que raya ya en pasión-amor, y decide morir. ¡Fácil ¿no?!
No, no era tan fácil como lo imaginé, porque el documento quiero presentarlo como un acta jurídica que denuncia el hecho, y dentro de esa acta, la carta-confesión del monjecito. Eso no tiene tanto problema para mí. Hay que evitar que esta parte sea larga, eso es todo.
Pero cuando entré a describir la acción erótica en sí, obviamente el monjecito del siglo XVII no referirá un encuentro erótico como lo describimos hoy, así que utilicé eufemismos, metáforas y sí, hay palabras esenciales que felizmente, no puedo evitar. El meollo de lo erótico es no meter descripciones farragosas, porque entorpeces la acción física que se está llevando a cabo. Los adjetivos se prestan a abusos y más para describir sensaciones. Otra cosa es que, como la carta debe sonar arrepentida, pues debe utilizar la misoginia propia de la época (ya haré un post de eso, es delicioso) pero ese arrepentimiento, no tiene que chocar con la excitación que se supone quiero transmitir.
Total, lo acabé, pero falta pasarlo a computadora, corregirlo y aumentarlo. Eso me llevará como un día o dos. La idea en un principio se me hizo ad hoc con lo prohibido y todo eso. Cuando lo acabé, me pregunté si lo que me resulta excitante a mí, lo será para los demás y todas esas tarugadas que me estorban mucho, porque trabajaré eso a destajo, no me conviene complicarme tanto, como siempre suelo hacer.
Total, que cuando regresé a dormir con mi esposo (quien ya se había extendido, mañosamente, hacia MI espacio) no me entregué a los brazos de Onán (porque ya me acabé las pilas), sino a los de Morfeo, que tardó en pasar por mí y cuando me llevó, mi tonelaje le costó elevarme a su lecho.

Comments:
Pero entonces, ¿los cuentos serán eróticos o porno?
 
En vez de empezar una polemica con la diferencia entre lo erótico y lo porno, Wendy, te saludo. Veo trabajas y que duermes bien y que el buen Cozz está enamorado de ti. Eso me hace sentirme un poco celoso. Como no había podido postear aqui antes, te dejé un mensaje en mi blog. Espero escribirte pronto una carta larga, larga.

Un saludo porno
 
dime, cómo ha seguid la niña?
 
La diferencia entre un cuento erótico es que no alude directamente a la acción genital. Es mas suave, más indirecto.El porno no, el porno es más violento, más dado a que ciertas cuestiones ofendan si no estás in the mood.
Daniel:Perdón por mi defensa tan vulgar y prosaica en tu blog. El romance con el GES es intenso, pero sabes que entre un escorpio y una leo pasan cosas mágicas. Gracias, me sentía abandonada por ustedes dos.Espero esa carta pronto!.La niña va bien, ya echa berrinches y todo
 
Wendy, está demás decirte que eres toda una belleza michoacana. Temo que el GES ya piense en abandonar a su familia y este juntando para el boleto de avión. No te conviene, es católico. Te ves guapa, muy guapa, espero que algun día nos conozcamos personalmente.
 
nada que ver con una belleza sinaloense o sonorense (no me acuerdo) los recibo a los dos,no me importan religiones, anyway.
Besos
 
leer tu post me trajo imagenes de "El nombre de la Rosa", un librillo porno llamado "Memorias de una pulga" y del kamasutra. esta última imagen tiene que ver con el vocabulario "paralelo" más que con la acción misma...
En fin, pasaba solamente a saludar y me quedé un buen rato pensando.
Saludos.
 
Yo también pensé en el Nombre de la Rosa, y en un libro de Antonio Rubial (que fué mi maestro, por cierto): los libros del deseo
Saludos plenu, ya te linkée.
 
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