lunes, marzo 07, 2005

Baryshnikov o la envidia rastrera

Un buen día andaba yo bobeando en la librería Gandhi, sin dinero para comprar una postal siquiera, y solapa, como suelo andar, cuando me quiero sentir a gusto para mirar los libros de fotos de desnudos que hay por ahí.
Y entre los libros que alcancé a ver, estaba uno precioso que se llamaba Baryshnikov black and white que recorría en fotos blanquinegras la carrera de décadas del mítico bailarín ruso. Y verán, no me impresionó la calidad insultante de ese hombre al bailar, los giros perfectos, la elegancia que no se perdía hasta en el gesto más extremo, su cuerpo cincelado con trabajo y largas jornadas...no. Era algo en su expresión, su rostro, el empuje de vivir al máximo, todo su ser, en aquellas piruetas, su cara reflejaba que, no sólo por ese manejo cuerpo el escenario le pertenecía, sino también sus ojos poseían el placer de un virtuoso que hace lo que ama hacer. Hojée el libro viendo su cara, y la experiencia fué inexplicable. No hallo palabras para describir el brío de sus ojos, la certeza tangible en el papel -llegando hasta mí- de haber nacido para eso y hacerlo mejor que nadie, debe ser el mejor tónico de belleza que alguien pueda hallar. Mikhail era insolentemente bello. El libro recorría sus primeras presentaciones, la calidad deslumbrante, el giro perfecto, y el envejecimiento de nuestro personaje, como cualquier mortal. Pero su rostro, ahora enseñando a sus alumnos, tenía la misma firmeza, el mismo brío de semidiós caucásico.
Qué envidia, me dije. Ya saben que yo envidio todo lo bueno en los demás, y que no tengo problema en reconocerlo. No ando por ahí diciendo que no envidio nada de nadie, porque soy rastrera, rastrapera, rastacuera y observadora del prójimo, qué le voy a hacer. Mi terapeuta me decía que pusiera atención cuando la sintiera, porque eso quería decir que yo tenía eso que envidiaba, escondido, pero latente, y que esa envidia revelaba que eso tenía la urgencia de salir. Me alegro porque he sentido, percibo y seré capaz de experimentar la energía de Baryshnikov -por fin algo tengo en común, vaya- de otro modo, no hubiera podido advertirla siquiera.
Es conveniente que les dijera qué me hace vibrar así, pero mi esposo quiere platicar conmigo acerca de ese algo que me traigo entre manos, pero ese es motivo de otro post.

Comments:
Con el paso de los años yo he comenzado a creer menos lo que dicen los terapeutas. Eso que tú mencionas lo escuché alguna vez en un curso... si lo envidias, lo posees. ¿Pero no se contradice eso con, por ejemplo, la envidia del pene de la que también ellos hablan?

Envidiamos porque somos humanos. Es natural. Lo importante es canalizar de manera útil esa envidia.
 
hola, wendy, envidiosa, cómo va todo en los sotanos del vaticano?
 
Considero que es bueno tener envidia es un indicador de algo que deseamos obtener y encaminado puede ser un fuerte motor que nos impulse a mejorar aunque sea un poco porque tanto es poco saludable pasarse envidiando a otodo mundo y sumido en esa envidia como lo es peor no envidiar nada, lo que creo que equivaldria a no desear nada a no querer hacer nada ano querer vivir nada es decir a estar muerto.
saludos, sigue envidiando pero sigue viviendo.
 
Creo yo que hay dos tipos de envidias: la sana o mejor conocida como "envidia de la buena", y la envidia que no tiene motivos de ser. Por ejemplo, quien no va a envidiar a Baryshnikov por su pasion y por su talento? Esa es envidia sana y todos la tenemos.
La otra envidia de la que hablo es por ejemplo cuando te da rabia ver que tu vecina trae siempre ropa y zapatos nuevos. Esa es una envidia tonta, basada en nimiedades y aunque me de un poco de pena reconocerlo, yo soy envidiosa de las dos maneras. Que se le va a hacer?
 
Bueno, Lino, las mujeres tenemos muchas maneras de poseer a un pene, porque cuando se hace el amor, de hecho, ese apéndice le pertenece a ella, no a él.
Corríjanme si me equivoco
 
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